jueves, 22 de febrero de 2007

Un Buen Intento



En un momento en el que los otros animales juzgaban, criticaban y odiaban en silencio por razones injustificadas, un joven saltamontes pensó que podría estar en serios conflictos, se sentía amenazado por una especie de invertebrado, un microscopio, un conjunto de voces cargadas de pragmatismo prefabricado. De pronto, una ilusión fugaz penetró en una casa gigante, construida con las hojas de un árbol en un lugar colorido, donde un punto curioso de la existencia tropezó sin querer con el pequeño animalito.

Tratar de ser feliz, el equivalente a saber (o poder) vivir, en la reflexión de un saltamontes, que se siente saltamontes, y que con un instinto adelantado a su evolución, entiende que sólo un tropezón no define una vida. Definitivamente fue un buen intento, un gran salto para estrellarse contra la realidad y volver a recorrer el largo camino, es un perfecto buen intento, porque la vida no es una escalera, no es una serie de pasos, ni mucho menos el canal de un río. Más bien debe ser como el mismísimo sendero del universo, inconstante, desconocido, impredecible y lleno de misterios irresolutos e irresolubles.

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